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Lun, Nov

Abril 1965: entre revolución y literatura

Opinión
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Los hechos que hoy conmemoramos (24 de abril), están grabados en nuestra historia como estandarte de dominicanidad y hunden sus raíces en el deseo de un pueblo que quiere conquistar su libertad a toda costa y en todas sus facetas. Ya saben que hago referencia a la gesta histórica de la revolución de abril de 1965. Este hecho impactó la sociedad dominicana de tal manera que todos los sectores de una u otra forma terminaron inmerso en la revolución.

Geraldo Sepúlveda en su libro Cronología: revolución de abril de 1965 nos describe cómo inician a las 8:00 a.m. los acontecimientos de ese día, con el arresto de un grupo de militares conspiradores en la base 16 de agosto. Pasado el medio día se da el arresto de oficiales del estado mayor. Hacia la 1:50 p.m. José Francisco Peña Gómez en su programa Tribuna Democrática, transmitido por Radio Comercial, anunciaba a la población sobre la sublevación e incitaba a tirarse a las calles para apoyar la revuelta.

De esta manera, el problema que germina en el estrato militar infecta ipso facto la vida política, implica a la comunidad de periodistas y comunicadores (porque además, minutos antes de la proclama de Peña Gómez, el capitán Héctor Lachapelle había dado la orden de tomar militarmente a Radio Santo Domingo) y luego de la proclama entra en escena el pueblo.

Ya dentro, cada sector social aportará a la causa en la medida que las circunstancias lo permitan. Las artes y la literatura no fueron excepciones. Más bien jugaron un papel significativo ya que los intelectuales de la época recurrieron a la literatura para expresar sus ideales, denunciar la situación agobiante y sensibilizar la población de la búsqueda de su libertad. El pueblo fue receptivo a esta forma de protesta y se convirtió en objeto y sujeto de expresiones artística tratando temas propiamente revolucionarios.

La revolución del 65 supuso una nueva etapa histórica y literaria. Las artes gestadas en ese periodo serán un reflejo de la situación social que vivió el país. Si bien es cierto que la revolución fue una expresión de la dominicanidad, no es menos cierto que esa expresión fue fragmentada, dividida y sin cohesión aparente. Espejo de un país dividido ideológicamente y enfrascado en un conflicto interno. Andrés L. Mateo en su libro Poesía de post guerra, joven poesía dominicana; da el aval para sustentar que después de la revuelta de abril de 1965, la sociedad dominicana cambiaría sustancialmente, “para dar paso ya”, - afirma- “en forma consciente, a la toma de posiciones acordes con la división de la sociedad en clases antagónicas”.

Esta división de la sociedad en clases antagónicas se repartía entre los que querían el regreso de Juan Bosch y la constitución del 63 (mayoría del pueblo) y los que apoyaban el gobierno del triunvirato encabezado por Donald Reid Cabral (una oligarquía en contubernio con el estado). Esta división se expresó en el arte, surgen diversos grupos literarios como: El Puño, La Isla, La Máscara, la Antorcha etc. Cada uno de ellos, anota Mateo, “expresaba una postura en el amplio espectro ideológico de la nación dominicana”.

Hay que resaltar una declaración que hicieran un grupo artistas y que se publicara en el Frente Cultural, con fecha del 4 de julio. En ella se expresa el sentir y la postura del gremio, las vicisitudes que pasaron y su firme decisión de luchar junto al pueblo por la libertad, por la justicia social y la democracia. Una antología titulada Pueblo sangre y canto, publicada en el Frente Cultural recoge la proclama y cito:

El arte vive dentro de un compromiso contraído ineludiblemente con la sociedad y el tiempo que lo crean. Los artistas dominicanos, conscientes en todo momento de esta responsabilidad, hemos participado en la lucha desarrollada heroicamente por el pueblo de la República Dominicana… consideramos un deber ineludible alzar nuestras voces para que el mundo sepa que hemos estado junto al pueblo y que como siempre estaremos dispuestos a combatir con el arte como arma y escudo. Los artistas dominicanos hemos padecido con indignación en la sangre el atropello incalificable contra la Soberanía Nacional que una potencia extranjera, por la razón de su fuerza, ha perpetrado contra la República.

Con esta firmeza de los artistas, la literatura se convirtió en revolución y la revolución en literatura. Canto a Santo Domingo vertical es un grito de Abelardo Vicioso por la ciudad invadida que en cada estrofa repite “yanqui vuelve a tu casa”. Se poetizan los hechos, se vuelven canto y elegía: Rafael Astacio compone “Jornada de abril” procurando con sus versos inmortalizar los acontecimientos de aquel sábado revuelto. Al cuerpo de marines de E.E. U.U. que invade la ciudad de Santo Domingo, René del Risco le escribe “Oda gris por el soldado invasor”; en medio de la lucha Pedro Mir vocifera “Ni un paso atrás” con un poema así mismo titulado.

La poesía de la revolución rememora sus héroes, inmortaliza los caídos e idealiza los combatientes. Así abarca una sarta de poemas dedicados a personajes revolucionarios. Jacques Viau Renaud, un domínico – haitiano poeta y combatiente mereció la inspiración de Miguel Alfonseca y Abelardo Vicioso quienes le escribieron Diario de guerra, Responso para Jacques Viau Renaud y Canto a Jacques Viau y los otros. También, Diógenes Céspedes y Juan José Ayuso estuvieron compelidos a homenajear al revolucionario.

Rafael Ernesto Méndez Abreu (Fello Méndez), un poeta Sanjuanero identificado con la causa social, idealiza la figura de Francisco Caamaño en un poema titulado “Poema a Francisco Caamaño Deñó”. El mismo se había convertido en la figura emblemática de la revolución, estuvo al frente de batalla y durante la revuelta ocupó la presidencia de la república. Sobrevivió al conflicto y posterior a su muerte, en 1973, le componen la canción Francisco Alberto caramba, letra de Chico González y música de Ramón Leonardo.

La esperanza y el anhelo no fueron aniquilados. La poética de los valientes y revolucionarios escritores mantienen la llama de una nueva sociedad encendida. Poema como el de Máximo Avilés Blonda, Habrá una isla un día, abren las puertas a soñar una esperanza, una nueva sociedad. Un futuro digno para el pueblo que vive el mismo trayecto del sol. Hace ya 53 años de la revolución y aún buscamos la justicia social, la democracia y mejores oportunidades para todos. Buscamos un porvenir que aún no se esclarece, donde el tiempo dilata los sueños y lo convierte en eternidades. Aún está la Ciudad herida. Quizás ya sea tiempo de otro abril literario.

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