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Mié, Dic

Una mirada a los estudios lingüísticos y literarios en República Dominicana

Opinión
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Por: Juan Fermín Castillo
Lo que hoy compone el territorio de la República Dominicana es poseedor de una sociedad que ha desarrollado una cultura singular, que se diferencia ontológicamente de otras culturas de la región, por ejemplo, en la herencia del español ha generado una variación lingüística propia, ha gestado un acervo literario reconocido en la comunidad hispanohablante. Además, otros tópicos culturales e intelectuales han crecido en la sociedad dominica, pero que no son objeto de estudio en esta ocasión.

 

Dada estas condiciones, mi reflexión va orientada a escudriñar la conciencia que nos hemos formado sobre estos dos aspectos, y cuestiono: ¿Cuál ha sido el desarrollo de los estudios lingüísticos y literarios en el país a fin de crear una sólida formación al respecto?

La génesis de estos estudios se remonta a Pedro Henríquez Ureña, eminente intelectual de Quisqueya. En 1936 publica La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo y para 1949 pone en circulación El español en Santo Domingo, constituyéndose los estudios de la variación dialectal dominicana más eximios de la época y de referencia en la posteridad (Ureña, 1949). En lo tocante a la crítica literaria hay que decir que fue una pluma sin igual. Matos Moquete (2015) señala que fue un crítico precoz de una gran formación que buscaba lo mejor de la literatura. En su Obra crítica (1960) se recogen una serie de ensayos exponiendo crítica literaria no solo del país sino de la literatura universal.

Si bien Pedro Henríquez Ureña supuso un buen comienzo para los estudios lingüísticos – literarios, el camino fue poco labrado por futuras generaciones. Nuevos retos en la década del 60 hizo que agudizara más la débil formación crítico-literaria del país. En una nota de prensa publicada en el Hoy Digital de fecha 24 febrero del 2012 el maestro Basilio Belliard sostiene que estos cambios (en la década del 60) supusieron un giro en el mapa de la teoría literaria y una reconfiguración de los métodos de análisis críticos. En la actualidad, y en esto concuerdan otros maestros universitarios, se enfrenta una crisis de la crítica literaria.

A partir de ahí se pueden señalar unas y otras investigaciones, tanto en lo lingüístico como en lo literario, pero sin llegar a conformar una estructura y sistematización, pues, no se llega a formar una escuela crítica. Es por ello que existen voces como la de Néstor Rodríguez (2016) que piensa que la crítica literaria en el país es inexistente y sostiene, además, que esa deficiencia es una de las causas por la que la literatura dominica no trasciende en escenarios internacionales. Dos problemas son señalados por este autor: 1) un lenguaje incomprensible por parte de críticos, 2) el marcado aislamiento de la crítica nacional, es decir, se hace para consumo interno. Desde mi visión este autor se anota en un extremo donde no cuenta con el abanico de trabajos que se han realizado en el país, aunque fallen en su sistematización, organización y sean investigaciones aisladas.

Para poner un ejemplo solo en la Revista de Estudios Hispánicos, que se publica en Puerto Rico desde 1928, se han publicado 14 trabajos relacionados con crítica de literatura dominicana. El primero de estos trabajos aparece en 1979, hablamos de un periodo de 39 años a la fecha, es decir, un promedio de dos años y siete meses entre una investigación y otra. Esto sostiene mi hipótesis de que la crítica dominicana se realiza con una frecuencia esporádica y anula postura como la de Néstor Rodríguez cuando habla de ausencia.

Como ejemplo además, cito el caso del italiano y profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo Giovanni Di Prieto. El mismo merece mención cuando se habla de crítica dominicana. Se dedicó a conocer la novelística dominicana leyendo noveles y avezados escritores, todo con el interés de dar a conocer lo mejor de la narrativa dominicana. Su crítica excéntrica se distanció del amiguismo literario y de los modelos autoexaltados del momento, esto hizo que sus críticas no fueran acogidas por el sector criticado. Entre sus trabajos: Las mejores novelas dominicanas (1995) y Apuntes novelísticos dominicano (2013), se puede apreciar el estilo devastador y de “crítica ácida” que emplea en algunos escritores dominicanos.

Otro crítico que se distancia de los esquemas tradicionales para elaborar una crítica independiente es José Carvajal, periodista y escritor impecable. Su formación, vasta experiencia y su cualidad de “lector inquieto”, como se denomina, le ha dado un lugar en la crítica dominicana. Su saeta la dirige directo al texto, transparentando la persona que escribe. Esto le permite dejar a un lado los sentimientos personales que sienta por un escritor y fijarse solo en el producto escrito. Es un representante de la crítica responsable aunque con pluma dura.

En lingüística se destaca, entre otros, Orlando Alba. Se distingue por ser un lingüista consagrado que ha hecho buenos aportes en este campo. Entre sus estudios lingüístico está: Nuevos aspectos del español en Santo Domingo (2000), Cómo hablamos los dominicanos (2004), La Identidad lingüística de los dominicanos (2009), Variación diacrónica del léxico disponible dominicano (2013) así como otros estudios dedicado a la variación del español en las Antillas.

En conclusión, puedo decir que en la República Dominicana se han hecho buenos estudios de lingüística y crítica literaria. Han surgido intelectuales aquí y allá que han hecho investigaciones con gran calidad, sin embargo, reconozco que la sistematicidad con que se ha investigado, entre otros factores, no han permitido su desarrollo. Son múltiples los factores que inciden y que estorban los estudios lingüísticos en el país, múltiples también los problemas que imperan en la formación de críticos literarios de nuestra literatura.

Sustento que, a pesar de las voces que suenan, no existe un corpus organizado en el país como escuelas de críticos, centro de investigaciones lingüísticas que se encarguen, además de investigar en el campo, de formar nuevas generaciones. Todo anota que el desarrollo de los estudios lingüístico – literario es incipiente en nuestro país. Queda a las nuevas generaciones el reto de expandir hasta su clímax las investigaciones lingüísticas – literarias desde una estructura que permita la formación continua y su sistematicidad hasta alcanzar su máximo desarrollo.

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